Transgénicos: el futuro de los alimentos.

 

La ingeniería genética ha aportado  sus avances tecnológicos y científicos a distintas áreas, como la farmacéutica, el sector agropecuario y el sector alimentario entre otros. Con el desarrollo de los alimentos manipulados genéticamente se ha logrado incorporar características hasta  entonces inexistentes como la resistencia a plagas, herbicidas, temperaturas adversas, etc.

Ahora bien, para entendernos, ¿qué es una planta transgénica o genéticamente modificada  o GM? Es una planta a la cual se le ha introducido artificialmente algún gen de interés (ADN) por vías distintas de un cruzamiento. Los genes incorporados en esta planta que está siendo modificada genéticamente pueden provenir de otras especies de plantas o incluso de organismos de otros reinos, así como también de la misma especie (cisgenia). Gracias a la biotecnología se puede transferir un gen de un organismo a otro para dotarle de alguna cualidad especial de la que carece. De este modo, las plantas transgénicas pueden resistir plagas, aguantar mejor las sequías, o resistir mejor algunos herbicidas. Por ejemplo, existen tomates que llevan genes de peces de profundidad para que resistan mejor las bajas temperaturas de almacenamiento o plantas de tabaco que cuando están maduras dan luz porque tienen genes de luciérnaga. En la agricultura se usa principalmente el maíz que contiene una sustancia que mata a los insectos y por lo tanto, en teoría, ya no hace falta combatir a las plagas con insecticidas; y la soya que resiste el herbicida glifosato, de manera que pueden matar las malezas y la soya no sufre daño.

 

  Ejemplificación de modificación genética, cruce genético

                                                                                   entre frutilla  y un kiwi.

 

El Gobierno de Chile optó en la práctica por una incorporación limitada de los cultivos genéticamente modificados a la agricultura. Existen registros oficiales publicados por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), de cultivos transgénicos en el país a partir del año 1992, cuyo principal objetivo es la multiplicación de semillas para la exportación. A partir del año 2001 en Chile sólo se permite la multiplicación de semillas transgénicas para la exportación.

 

Actualmente en nuestro país, de acuerdo a las normativas del Servicio Agrícola y Ganadero, no se permite el cultivo de OGM para su consumo en el país. Sólo se permite el cultivo de éstos con fines experimentales y para la producción de semillas que han sido importadas expresamente para su multiplicación y exportación al extranjero. El cultivo de cada evento transgénico debe ser autorizado por un Comité Técnico, y si es aprobado debe regirse por la normativa de producción de semillas bajo un estricto marco de bioseguridad que regula su aislación caso a caso según los requerimientos de cada cultivo. Al año 2010 se producían aprox. 30.000 ha de semilleros transgénicos entre maíz y soya principalmente.

En el caso de Chile, estas normativas cobra  gran importancia, ya que las plantas constituyen un recurso biológico inestimable, y nuestro país  posee especies vegetales únicas- endémicas- que no se encuentran en forma natural en ninguna otra parte del mundo.

Las principales semillas transgénicas producidas en Chile son el maíz, la canola y la soja. En la temporada 2014/2015 de la superficie total de semilleros transgénicos en el país (8.818 hectáreas), el 67% correspondió a semilleros de maíz, el 18% a semilleros de canola y el 15% a semilleros de soja. Otras semillas transgénicas que se sembraron en el país correspondieron a semillas de algodón, tomate, y vid, las cuales en total representaron menos del 0,012% de la superficie total de semilleros transgénicos.

La importancia de Chile como productor de semillas se debe a que la mayoría de los consumidores se encuentran en el hemisferio norte y la diferencia de estación en el hemisferio sur permite avanzar un año en el calendario agrícola. Mientras en el sur se cosecha en primavera-verano, en el hemisferio norte se encuentran en otoño-invierno, época de la siembra. Así, los programas de mejoramiento genético del hemisferio norte cosechan nuevas líneas y mandan las semillas a Chile para realizar pruebas de campo de contra estación. De esta manera se avanza más rápido en el desarrollo de las nuevas variedades que los agricultores requieren.

 

Monsanto: la mayor productora de semillas del mundo.

Con sede en estados Unidos, Monsanto es una compañía que tiene poco más de 100 años. Presente en todos los continentes, tuvo un origen bien distinto al actual. Nació como una compañía petroquímica, la que con el tiempo derivó de los químicos al negocio de los agroquímicos, esto es, los pesticidas que se usan en el campo. Al inicio de los noventa, los directores de la época decidieron que era el momento de involucrarse en la agricultura de semillas, y adquirieron compañías importantes especialistas en maíz y soya, hortalizas y otros vegetales, desde ahí construyeron su base para levantar el negocio de semillas.

Cuatro líneas de negocios desarrolla la firma, la primera es la producción de semillas de soya, maíz, algodón y canola, algunas de ellas biotecnológicas (transgénicas) y otras convencionales.

Aún con todo, la influencia de Monsanto va más allá: tal y como se muestra en el documental El futuro de la comida (2006) ,  además de crear semillas transgénicas, Monsanto las patenta. Es decir, la empresa crea en laboratorio una secuencia genética específica y la patenta como suya. Después, insertan dicho fragmento de ADN en las semillas (semillas transgénicas) y, en consecuencia, la planta que crecerá de dichas semillas se convierte de su propiedad. Con ello, se convierten en DUEÑOS de la VIDA. No solo eso, ¡también patentan semillas naturales.

 

Teniendo en cuenta que las plantas son seres vivos que mutan, se hibridan y se reproducen, el hecho de que Monsanto patente semillas es muy peligroso: la mayoría de las plantas se poliniza mediante el viento o insectos como las abejas, lo que facilita que una planta natural se reproduzca con una transgénica. Lo que ocurre a continuación es que la planta de Monsanto le transfiere a la natural el fragmento patentado, por lo que, acto seguido, la planta natural se convierte en propiedad de Monsanto. Este riesgo existe y el potencial de que esto ocurra depende del cultivo. En el caso de la soya es un cultivo de autofecundación que prácticamente no libera su polen al medio, determinando una distancia de aislación mínima. El maíz moviliza su polen de una planta a otra con ayuda del viento, en tanto el raps lo hace por medio de abejas, en ambos casos los cultivos requieren de aislación de otros cultivos de la misma especie para que el polen del cultivo transgénico no alcance a los cultivos aledaños de la misma especie. Esto se hace especialmente relevante si estos están destinados para el cultivo orgánico ya  que estos no aceptan el uso de cultivos transgénicos en sus producciones. A esto deberá agregarse el riesgo que estos cultivos dejen caer sus semillas al suelo en la cosecha lo que provocaría la aparición de plantas voluntarias en el campo con el consecuente riesgo de ser foco de dispersión de polen para una próxima temporada.
El tema de las aislaciones es relevante, especialmente en países como el nuestro donde los terrenos agrícolas son limitados y deben permitir, con igualdad de derechos, la convivencia de distintos sistemas de producción (convencional, orgánicos y transgénicos). Además será importante considerar que si un “transgen” se transfiere accidentalmente a un cultivo convencional, limitaría que el agricultor convencional pueda conservar sus semillas y reproducirlas ya que estaría multiplicando genes que están cautelados por derechos de propiedad. Desde el otro lado de la moneda, el dueño del “transgen” estaría contaminando germoplasma del dominio público, afectando el libre uso que cualquier agricultor pueda hacer de éste.  Estas materias deberán regularse con anterioridad y sin duda hacen más compleja la dinámica con este tipo de cultivos y propiedades intelectuales involucradas.

Por otra parte, como es difícil crear organismos genéticamente modificados, las empresas que se dedican a esto establecen las reglas de uso de sus productos y convierten en un gran negocio (para ellas) la posesión de patentes. Los agricultores que deseen usar estas plantas modificadas, deben pagarles un impuesto y, usualmente, deben comprarles semilla todos los años, porque o no se reproducen o existen trabas legales para guardar semillas (esto pasa también con plantas no genéticamente modificadas, pero en ellas hay cierta libertad de elección). De esta forma, esas empresas controlan qué clase de alimentos y bajo qué condiciones se produce. Por eso, existe oposición a que aumente la superficie cultivada con estas plantas, pues ello significa darle más influencia a esas empresas y que los agricultores o incluso toda la sociedad tengan cada vez menos control sobre sus fuentes de alimentación.

Monsanto en chile

“Chile es el cuarto exportador de semillas del mundo y el primero del Hemisferio Sur. Nuestras plantas ocupan un rol importante en esta historia, porque Monsanto es el principal productor y exportador de semillas del país. Hoy la industria semillera nacional ocupa el tercer lugar de las exportaciones agropecuarias, gracias al empuje de sus profesionales y técnicos chilenos que al alero de alrededor de 70 empresas, han guiado al país hacia la vanguardia en desarrollo agrícola sustentable”.

Esto cita Monsanto en su página web (www.conocemosanto.cl), empresa que tiene cuatro plantas en nuestro país: Melipilla, Viyuco, Paine y Santa Julia.

Distinta apreciación tienen las organizaciones sociales, como Yo no quiero transgénicos, Acción Dedos Verdes, Chile sin transgénicos, Anamuri, No Alto Maipo, Rapal, y Red de Semillas Verdes, que exigir el retiro definitivo de la Ley de Obtentores Vegetales, más conocida como “Ley Monsanto”.

Lucía Sepúlveda Ruiz, dirigente del Área de transgénicos y semillas de la Red de Acción en Plaguicidas de Chile (RAP-CHILE), explicó en el marco de una marcha contra la Ley Monsanto, que el  deseo es “concientizar, por qué nos obligan a consumir cosas sin saber qué estamos comiendo, entonces lo que nosotros queremos es que haya al menos etiquetado a los alimentos transgénicos que está en todas partes, en los supermercados, lo cual afecta la salud de nuestros niños y de toda la gente en general, entonces queremos que se modifique el reglamento sanitario porque la industria logró que se sacara la obligación de etiquetarlo”.

 

Sostuvo que además de tener un etiquetado que clarifique si un alimento es transgénico, es necesario eliminar pesticidas como el Roundup (Glifosato) que es el herbicida más utilizado en Chile y que está clasificado como agente cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud: “El Roundup es el herbicida que más se usa en Chile y en todo el mundo, en cultivos transgénicos y en cultivos convencionales. Hay que decir que un cultivo transgénico prácticamente no puede existir si no le echan Roundup, está hecho para eso, está hecho para que la industria te venda la semilla transgénica y el paquete con el agro tóxico Roundup, y ese químico finalmente se reconoce que genera cáncer. Está clasificado en el grupo 2 A, como probable carcinogénico y eso obliga a todos los gobiernos del mundo a revisar su clasificación interna, en Chile está clasificado como etiqueta verde no peligroso, entonces tú le puedes echar todo los que quieras y es lo que están haciendo los agricultores hoy día”.

Riesgos asociados a los transgénicos.

Los beneficios de la Ingeniería Genética, han sido contrastados con las preocupaciones surgidas de los consumidores sobre la seguridad de los productos transgénicos. Las discusiones se han centrado en los posibles riesgos impredecibles de estos alimentos, tanto para la salud humana o animal como para el medioambiente, en donde las dos principales características genéticas introducidas en la actualidad en la casi totalidad de los OGM que se cultivan comercialmente son la resistencia al glifosato (un herbicida) y la introducción del gen que codifica la producción de la toxina Bt (proveniente del Bacillus thuringiensis) produciendo plantas biocidas. Estas modificaciones genéticas no sólo no representan ninguna ventaja para los consumidores desde el punto de vista nutricional, sino que sólo han facilitado un modelo de agricultura industrializado y sin agricultores.

Riesgos potenciales:

  • Riesgos Medioambientales:

A corto, medio y largo plazo, incremento de la contaminación química (ej. con las plantas tolerantes a un herbicida, el agricultor puede usar grandes cantidades de ese herbicida). Contaminación del suelo por acumulación de la toxina Bt.

 

Posibilidad de cruzamientos exteriores que podrían dar lugar, por ejemplo, al desarrollo de malas hierbas más agresivas o de parientes silvestres con mayor resistencia a las enfermedades o provocar tensiones ambientales, trastornando el equilibrio del ecosistema. Pueden crearse nuevos virus y aumentar la resistencia de los virus naturales.

 

Modificar los efectos de los pesticidas que pueden atacar a organismos contra los que no estaban diseñados. Contaminación genética por polinización cruzada: si los cultivos convencionales y los transgénicos no están separados por grandes distancias, la modificación genética acaba encontrándose en las plantas del campo convencional que se polinizan mediante el viento, los insectos, las aves, etc.

 

  • Desaparición de biodiversidad:

 

  • Aumentan la superficie de los monocultivos, disminuyendo drásticamente la biodiversidad.

 

  • Por las toxinas fabricadas por las plantas (matan a insectos beneficiosos o pájaros).

 

  • Por el aumento del uso de productos químicos (efectos sobre flora y fauna)

 

  • Por la contaminación genética: Se puede transmitir la modificación genética a especies silvestres emparentadas con la planta transgénica. La contaminación genética tiene la capacidad de reproducirse y expandirse (son seres vivos). Una vez en el medio ambiente, la contaminación no se puede “limpiar” nunca. Los efectos de los transgenes en las plantas silvestres son absolutamente imprevisibles.

 

  • Riesgos para la Salud Humana:

 

Dado la falta de estudios extensivos y regulares sobre los posibles efectos negativos para la salud humana, se podría caer en una subestimación de las consecuencias que los OGM podrían causar sobre el hombre y otros animales, especialmente cuando los mismos (como la soja, el maíz, etc.) entran en la cadena alimenticia. Hasta el momento sería el único riesgo cierto y probado el de posibles efectos alergénicos.

 

Algunos de los potenciales riesgos podrían ser:

 

  • Incremento de la contaminación en los alimentos por un mayor uso de productos químicos.

 

  • Aparición de nuevos tóxicos en los alimentos (por ej. debidos a los cultivos Bt).

 

  • Aparición de nuevas alergias por la introducción de nuevas proteínas en los alimentos. Inactivación de sustancias nutritivas valiosas en los alimentos.

 

  • Resistencia de las bacterias patógenas para el hombre a los antibióticos y reducción de la eficacia de estos medicamentos para combatir las enfermedades humanas. Herbicidas como el Bromoxynil puede llegar a causar cáncer en humanos. Debido a que este producto es absorbido por vía dermatológica, es probable que presente riesgos a los agricultores.

 

Impacto Social, Económico y Comercial

Debe tenerse en cuenta, además de los riesgos para la salud, y de los impactos medioambientales,   el impacto  que los transgénicos implican  a nivel social, económico y comercial; que si bien desde algunos puntos de vista pueden generar beneficios, es inevitable analizar las desventajas.

Las grandes empresas que desarrollan y comercializan los OGM están patentando el material genético de los seres vivos, que más bien debería considerarse como patrimonio de la humanidad. Están creando un monopolio sobre la agricultura y la alimentación mundial, en un modelo de sociedad donde unos pocos realizan beneficios a costa del interés de la mayoría y donde se exacerban las diferencias entre pobres y ricos.

Tener en cuenta que si bien el uso de la ingeniería genética en la agricultura puede aumentar la producción, también puede a la vez reducir el desempleo, por ejemplo el hecho del encarecimiento de las semillas y la necesidad de comprar insumos importados  serían  un factor más para la desaparición  de los agricultores familiares.

La introducción  de los OGM en la agricultura crea el monopolio de unas pocas multinacionales básicamente de EE.UU. sobre la producción de alimentos, lo que pone en peligro la soberanía de los pueblos  y de los países.

Conclusiones.

Los alimentos transgénicos se han situado en el centro de un complejo debate en el que se mezclan aspectos meramente técnicos y biológicos, con otros de diversa índole: intereses generados por las patentes, protección de los consumidores, derechos de los agricultores, bioseguridad, etc. Ciertamente, la aceptación ética de la aplicación de las técnicas del ADN recombinante a las especies vegetales debe tener en cuenta el incremento de la producción y la mayor rentabilidad y seguridad de las futuras cosechas.

Sin embargo, es claro que éste no puede convertirse en el único y exclusivo factor a tener en cuenta. El debate ético sobre las especies transgénicas y su repercusión sobre la salud y el entorno del ser humano, se mueve sobre una crítica previa a la moderna visión instrumental de la naturaleza reconociéndole, por el contrario, un claro valor inherente. Ello puede justificar el establecimiento de límites a la actuación humana, impidiendo la consideración de lo creado como un mero objeto susceptible de apropiación.

Sin lugar a dudas los únicos beneficiarios de los OGM han sido las grandes transnacionales de la vida que, encabezadas por Monsanto, buscan controlar el multimillonario negocio de la alimentación en el planeta. Este es el verdadero motivo por el que se han desarrollado los OGM y así se desenmasacara uno de los mayores crímenes que se están cometiendo contra la humanidad en la actualidad: la destrucción y apropiación de la base del sustento de todos los pueblos de la tierra.

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